Si desvalorizamos las palabras, si las percibimos sin darles ningún valor, entonces no podrán estimular nuestra alegría o nuestra tristeza. Son nuestro pensamiento, el contexto y el estado de ánimo, los que le dan sentido, en una dirección u otra.
Para Wittgenstein, un lenguaje es un conglomerado de juegos, los cuales estarán regidos cada uno por sus propias reglas. El único criterio para saber que seguimos correctamente las reglas está en el uso habitual de una comunidad.
Por lo tanto, si el juego es violento, el resultado es previsible. Debemos aprender a jugar para evitar el daño producido cuando no conocemos las reglas. También podemos decidir pelear pero entonces deberemos asumir las consecuencias.
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